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Mª. Jeanne Zerbo

Me llamo Mª. Jeanne, maliana de nacionalidad, pero originaria de Burkina. Mis padres provienen de familias musulmanas, afortunadamente conocieron a los misioneros católicos, se bautizaron y los 4 hermanos hemos crecido en esta fe.

 

Hablar del continente africano me parece pretender demasiado, puesto que no es fácil tocar todas las realidades que se viven en África, además de estar constituido por varias razas

(etnias), costumbres, lenguas... que al pretender englosarlo se empobrece. Consciente de todas estas variedades de realidades, ricas, pero a la vez complejas, me limitaré a dar a conocer, en la medida que pueda el ambiente donde he crecido  y he vivido...

 

La realidad que conocí en Burkina, es de un ambiente tradicional islámico, dónde la mujer es considerada principalmente como ama de casa. Toda su formación está en función del hogar. Su deber primordial es ser madre y transmitir y enseñar la tradición y los valores culturales (sumisión, fidelidad, respeto a las costumbres) a sus hijas. En cada pueblo o grupo étnico, el ambiente está marcado por la propia idiosincrasia. Por lo tanto el sueño de toda chica es el de casarse un día, tener hijos y así honrar y respetar la tradición de los padres, de la familia... para así continuar la generación y el clan...

La influencia de la colonización francesa y la presencia de los misioneros comenzaba a cambiar algo esta realidad que reduce a la mujer a una ama de casa, yo he heredado algo de esta formación, porque mis padres han sabido y querido transmitírmelo con orgullo. Conocí a las Religiosas de Mª. Inmaculada en un campamento de verano, más tarde me fui a Niono  con ellas, por motivo de estudios. Durante el tiempo que estuve con ellas, el testimonio de las hermanas y el ejemplo de otras chicas me sirvieron de empuje para determinar mi vocación

 

Puedo decir, que la historia de mi llamada, me parece aún un sueño, un misterio...Sin duda alguna, es la historia de amor que el Señor ha querido tener conmigo. No me fue fácil identificarlo, aceptarlo. Como hija de mi tiempo, he querido palparle, oír su voz como el pequeño Samuel o como Moisés, A veces le he exigido ante su llamada, el evadir dificultades y quitar de mi vida impedimentos que pudieran estorbar, pedía “certeza” y “garantía” en mi vocación y eludía....Pero el se hacía sordo a mis peticiones, y seguía llamándome...

 

Entré en lucha con mi madre, porque no entraba en su plan tradicional, en el que para ella, como ya he dicho, el honor de toda mujer está en el matrimonio...

en la medida que iba conociendo la Congregación, el ejemplo de Santa Vicenta María me llenaba de consuelo y satisfacción, a la vez que me cuestionaba... no entendía cómo una chica de buena condición y familia, dejara todo para compartir la suerte de las chicas de una condición pobre y humilde y sin dignidad... su actitud de renuncia, de desprendimiento ha sido en mi vida un gran estímulo... descubría que ella no hizo más que imitar en todo momento a su Señor...Hoy siento que vivo mi Consagración porque me he encontrado con el Cristo del Evangelio... El se ha acercado a mi como “el buen Samaritano”, siento la Congregación como el hogar dónde El me ha llevado de la mano, siento la necesidad de ayudar y ponerme al servicio de otras chicas necesitadas como hizo Vicenta María...

 

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