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Acortando
distancias, les invitamos a pasar unos momentos en estas
serranías contándoles algo de nuestra vida misionera.
Un capítulo interesante son nuestras giras apostólicas,
pues, la Misión está formada por unos veinticinco,
entre pueblos y rancherías, diseminados por la sierra y
muy distantes unas de otras.
Viaje
a Zacatepec. A las 7,30 de la mañana, emprendimos la
marcha, pasamos por Zacatilihuic y subimos hasta la
Cumbre. A las 10,00 llegamos a los primeros ranchos
aislados por aquellas alturas... La soledad, el
silencio... la hermosura del paisaje, eleva el espíritu
de tal manera que, trepando por las montañas, puede
irse muy unido a Dios, Cre ador de tanta belleza...
A
ratos subimos cantando más con el corazón que
con los labios... hay tiempo para todo y también les
llega su turnos a los himnos patrios, y aunque muy lejos
de nuestra España querida, se le ama y canta con amor...
Como
estamos muy alto, una espesa niebla lo cubre todo; el
sol no logra disiparla... no podemos contemplar el
panorama, ¡a cuarenta metros, no se divisa, ni a
los acompañantes!. Es un regalo de Dios; de esta
manera, el sol no nos molesta. En pleno medio día
atravesábamos unos desfiladeros, que los naturales les
llaman “voladeros”, muy peligrosos y bastantes
obscuros por la niebla. A las 12,30, en Buena Vista;
llevábamos cinco horas sobre las mulas.

Allí
descansamos un poco y tomamos algún refrigerio y
continuamos, ahora, bajando hasta Mazatzongo; todos
estos pueblitos forman la Parroquia. El camino es
pintoresco, a pleno sol, estamos rodeados de majestuosas
montañas. Este pueblo queda en una profunda hoya entre
los ríos Petlapa y el Bravo. Llegamos a las 3,20, recorremos un tramo bastante llano para
adentrarnos en una subida imponente que supera en
pedregoso y difícil de ascender a la anterior. Es una
vereda abierta en la ladera del monte; parece imposible
que pueda ser escalada tal altura...
Nuestros
acompañantes nos animan - al preguntarles si estamos
cerca - con la frasecita: “Cerca, detrás de la
lomita...” y así, subiendo hasta las 6,20 que
llegamos a Zacatepec. Faltan las fuerzas físicas...
estamos todos rendidos...pero “las almas nos
esperan...” después de casi once horas de duro camino
llegamos a la meta. Sus moradores se alegran. Nos
reciben con música, repique de campanas (dicho sea de
paso, éstas cuelgan del tronco de un árbol) original
campanario, y con una lluvia de pétalos de flores. El
panorama es hermosísimo, como para bendecir una y mil
veces al Hacedor de tanta belleza. Por su altura, parece
un nido de águilas... Estamos rendidos, pero el deseo
de acercar estas almas a Cristo, mitiga nuestro
cansancio.

Aquí
nos atienden unas “buenas viejitas, a quiénes ellos
llaman las madres”. En seguida, rezamos el Santo
Rosario y tenemos un ratito de Catecismo. La ignorancia
religiosa en que se encuentran es lamentable, apenas
tienen idea de las verdades más elementales de nuestra
fe, casi solo saben, lo que puede conocerse por la ley
natural. No es de extrañar; hasta ahora, el Sacerdote sólo
les podía visitar una o dos veces al año y por un día
o dos. La Parroquia era muy extensa, pues eral algunos
otros pueblos más además de los de ahora. Han recibido
el Sacramento del Bautismo, pero la Confirmación nadie,
y Confesión y Comunión casi ninguno. Matrimonio sólo
unos pocos. “Quisiéramos hacerles conocer a todos y
amar más y más a Nuestro Buen Dios, pero... ¿qué se
puede hacer en dos días...?”

La
Capilla es lo más pobrísima que imaginarse pueda; el
suelo de tierra con profundos hoyos, techo de zacate,
paredes hechas con troncos de árboles, a veces tan
separados que entre ellos se puede pasar... Ahora que es
la fiesta, la han tapizado con ramas de “tepexilote”.
El último día de la fiesta en la Santa Misa, reciben
el Sacramento del Matrimonio cinco parejas que hicieron
también la Primera Comunión. Algunas viejitas, reciben
a Jesús por primera vez. Es muy escaso el número, pero
no están preparados, hay grandes esperanzas en los niños,
pues son inteligentes y hablan castellano; en cambio los
jóvenes y señoras son pocos los que nos entienden,
pues no saben más que el dialecto “mazateco”.
Fueron hechos “hijos de Dios” por el Bautismo,
diecinueve niños pequeños y otros diez más
grandecitos.

Nos pasó una cosa curiosa, que parece da
algo que pensar, sobre la idea que tienen del bautismo:
“Llegó muy preocupado un hombre que traía a un niño,
del cual deseaba ser padrino y a la mamá del pequeño,
a escondidas y en contra de la voluntad del papá. Al
preguntarle por qué no quería bautizar a su hijo
contesta: “dice, no...” esa era la razón poderosa
de la oposición... el padrino, en cambio nos decía:
“Si no le bautiza, cuando tenga dos o tres años, el
chamaquito, se vuelve tonto...” y claro está, el
motivo por el cual tenía tanto interés en que fuese
bautizado.
Dos
días de
estancia y nos tuvimos que despedir de estas buenas
gentes, con quienes desearíamos quedarnos siempre, pero
nos esperaban en Mazatzongo. Aquí permanecimos cuatro días
solamente. A las 6,00 de la mañana, Rosario de la
Aurora, a continuación Santa Misa. Por las mañanas,
visitamos familias, en algunas casas; no logramos
hacernos entender. Muchos aún no están casados por la
Iglesia y algunos tienen dos y tres mujeres, dándose el
caso de convivir bajo el mismo techo. Por la tarde,
damos Catecismo...
Nos
encontramos con varios enfermos sin ninguna asistencia
de médico ni medicinas. No les queda otra solución más
que sufrir y morir... Con harto sentimiento tenemos que
dejarles. ¡Cómo desearíamos poder remediar sus
necesidades espirituales y corporales!. Nos despedimos
prometiéndoles volver pronto... Hemos pasado cuatro días
con ellos. El “campo” que el Amo de la mies nos confía
es muy extenso; no podemos por ahora más y aunque el
corazón se resista a dejarles no hay otra solución.
Después
de la gira de nueve días, regresamos a casa, donde nos
esperan nuestras hermanas que, llenas de caridad, nos
proporcionan cuanto necesitamos y
descansamos de nuestras correrías. Aquí también
tenemos bastante trabajo; visita a las familias,
catecismo, alfabetización, etc. Por tanto, siempre
podemos trabajar de firme, ya sea en una parcela, ya en
otra del vasto campo que el Señor confía aquí a las
Hijas de María Inmaculada. Como este viaje, hemos
realizado varios; después no hemos podido continuar por
comenzar la estación de las lluvias en junio, pues los
caminos quedan intransitables.
El
Señor nos ha dado de todo en este año; sufrimientos
mezclados con muchos consuelos que El reserva a sus
misioneros.
También
hay algunos otros pueblos más próximos a éste que
reciben su influencia. El Excmo. Sr. Obispo, nos visitó
en el mes de abril. Lo esperábamos en Mazateopan, otro
de nuestros pueblos, dónde permanecimos diez días de
misión; su llegada nos llenó de inexplicable gozo,
tanto a él como a nosotras. Dijo:...le había
emocionado ver a sus misioneras entre estas gentes de la
sierra... Con él permanecimos allí dos días más.
En
mayo, gozamos muchísimo con la visita de nuestra M.
Provincial; pensaba estar acá dos días y el Señor nos
hizo el regalo de que pudiéramos tenerla con nosotros
seis más. No pudo entrar la avioneta a causa de la
niebla. Se vio la necesidad de una Escuela con internado
para las niñas y jovencitas de la misión; una vez
formadas, serán en sus pueblos y rancherías, las que
colaboren con nosotras ayudando a sus hermanos.

Muy
pronto, nos enviaron los materiales necesarios
para comenzar la construcción. La obra está muy
adelantada; A fuerza de sacrificios, todo va
adelante, gracias al señor Obispo, con su ayuda
espiritual y material, a algunas personas generosas que
también contribuyen, el Padre que junto con el alcalde
y vecinos prestan su trabajo, y sobre todo con “la
Providencia de Dios, que se palpa bien visible...” Según
los planos, cuando esté terminado, tendremos Casa-Misión
con Escuela, Internado para unas cien niñas y jóvenes,
Dispensario etc. Ahora nos están ayudando mucho dos
Misioneras Maestras, que forman parte del “Equipo
Misionero Diocesano”, enviadas por nuestro Excmo. Sr.
Obispo; “son verdaderos apóstoles”, muchachas jóvenes
dispuestas a trabajar por Cristo y los niños de estas
sierras.
Ellas se ocupan de las clases, tenemos un
centenar de niños; ahora que empieza el curso y la
escuela. Si hubiese personal, podríamos tener muchísimos,
pues todos los de la
misión quieren asistir a nuestra escuela. Sin
duda que esta será una magnífica labor de apostolado
misionero, pues los niños formados aquí serán más
tarde buenos cristianos “como levadura que hará
fermentar la masa”; nuestra escuela, será un foco de
irradiación cristiana, puesto que los niños llegarían
a sus respectivas Comunidades, donde a nosotras, por la
distancia, nos queda tan difícil.

Tenemos
ya doce niñas y jovencitas internas, que empezamos a
preparar para Catequistas; deseamos, vengan siquiera,
dos de cada pueblo; les vamos a impartir un Curso de
formación para Catequistas Auxiliares, y si fuese
posible, otro de Enfermeras, Alfabetizadoras, etc. Mucha
falta nos está haciendo una Misionera que tenga
Medicina o siquiera fuese enfermera, ¡qué magnifica
labor podría hacer acá!, ayúdennos con sus oraciones,
bien sabemos están con nosotras muchos misioneros de
retaguardia. Todos unidos llevaremos adelante esta Misión
que da tanta gloria a Dios. Desde el 1967 que se dio
este primer paseo por la serranía mexicana, la
Congregación va recogiendo frutos y esfuerzos y hoy
nuestra obra es una realidad viva y floreciente.
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