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Era
inteligente, intuitiva, observadora, reflexiva, tenaz
e inquieta... y D. José María que conoció enseguida
el potencial de la pequeña, quiso llevar a delante,
por sí mismo la formación de su hija. La
sentaba en una sillita sobre la mesa del bufete y
buscaba las más diversas formas de centrar la
atención de la niña en el transcurso de las
lecciones. El binomio
padre-maestro creó en Vicenta María una receptividad
gozosa y espontánea y la ayudó a descubrir el valor
de la formación personalizada que tanto utilizaría
después en su tarea pastoral.
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