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El
dibujo de la cruz en la vida de Vicenta Maria es
casi continuo... ella ha dicho varias veces que la
esposa de Cristo Crucificado ha de gloriarse en
seguir sus huellas y se abraza con la cruz tan
pronto como intuye los signos de su presencia.
Al
gozo grande de la serenidad espiritual de sus
hijas y la consolidación del Instituto se han
unido huellas de dolor:
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La
muerte de Dª. Mª. Eulalia y la de su madre Dª.
Nicolasa.
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La
llegada de cartas pidiendo fundaciones y
escasez de personal para dar respuesta.
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Aparición
de los primeros síntomas de alarma de una
grave enfermedad.
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La
pérdida del capital.
Dios
la sacaría de todo. Su inquietud apostólica era
mayor, mucho mayor que las dificultades, y en
definitiva: su confianza en Dios y su amor a la
juventud le allanaban los caminos.
Para
Vicenta María las dificultades no son nunca freno
al amor... a la entrega, al servicio. Cuando todo
lo humano falla la certeza y seguridad en Dios que
la sacará adelante crece y se refuerza. |