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Hna Tarsicia Górriz

 

Nace en Monreal, provincia de Navarra-España el 25 de marzo de 1902.

Ingresa en la Congregación en Pamplona el 8 de septiembre de 1918

Si llegar a los cien años de vida ya es algo extraordinario, lo es sin duda mucho más, cuando se llega en pleno dominio de las facultades. Un bastón en la mano para recorrer las dependencias de la casa y conocer de las hermanas, cuales son las necesidades más apremiantes; para saludar a las jóvenes y, aprovechando, entre chiste y chiste, decirles algo que pueda acercarlas a sí mismas y a Dios.

 

La lectura diaria del periódico para saber qué es lo que pasa en el mundo y llenar de contenido los tiempos de la oración. El bolígrafo siempre en mano para escribir cartas, versos o chistes... lo que más pueda ayudar al destinatario. El rosario continuamente desgranado entre los dedos para recordar a la Virgen lo que Ella ya sabe: que los hombres y mujeres jóvenes y menos jóvenes necesitan de su protección y consuelo de Madre.

Fotos de políticos, futbolistas y toreros... en una habitación perfectamente limpia y ordenada. Una habitación con la puerta siempre abierta para acoger al que llega y encuentra allí a hermana Tarsicia, a quién sus cien años no han obligado todavía a la quietud. Dios ha sido bueno con ella.

 

Dios fue bueno con la Congregación cuando nos la regaló hace ya 84 años. Dios es bueno hoy cuando nos hace disfrutar de su rostro sonriente, de su sencillez, de su cariño y de su serenidad. Dios es bueno cuando suscita en ella y en todas las personas que la conocemos un profundo sentimiento de acción de gracias por lo que hermana Tarsicia es y representa.

                                                       Mª. Digna Díaz, rmi

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