|
¡Hola! Soy Suzete. Tengo 32 años. Soy
portuguesa, más propiamente de S. Miguel, una de
las magnificas Islas de las Azores. A los 13
años de edad, he conocido la Congregación de las
Religiosas de Maria Inmaculada, he vivido dos
años en la Residencia y, desde entonces, mi
contacto con la Congregación ha sido diario,
hasta que a los 18 años he pasado a hacer parte
de sus miembros.
Desde muy temprano he aprendido a tomar
decisiones y a ser coherente con las mismas,
buscando vivir en la Verdad. A lo largo del
último año de preparación para ingresar en la
Universidad, un mixto de deseos, dudas, nuevas
posibilidades... ha empezado a invadir mi ser,
“siempre seguro y determinado” a concretar mi
sueño: ser medico o psicóloga, esposa, madre de
tres hijos e dedicarme a actividades de
voluntariado con jóvenes y familias pobres.
El contacto con las jóvenes de la Residencia de
Vicenta María, la participación progresiva en la
misión de las Hermanas, el conocimiento de la
vida de Vicenta María y el descubrimiento de la
Persona de Cristo
que se encarna para redimir la
humanidad, han ido despertando en mi el deseo de
seguir al Señor dedicándome totalmente a las
jóvenes. Por otro lado, la participación en la
vida comunitaria y en actividades concretas de
voluntariado con los pobres, ofrecidas por la
Congregación de las criaditas de los Pobres, me
contagiaban la alegría que brota de una vida
totalmente entregada al Señor, presente en los
más desfavorecidos. Las dos Congregaciones eran
reflejo de la belleza del seguimiento de Cristo.
En el ámbito académico, aprobé el ingreso en la
Universidad de Coimbra; el sueño de los buenos
estudiantes, estaba seguro. Yo pertenecía a un
grupo de amigos muy unido. Era la segunda de
cinco hermanos inseparables. Contaba con la
presencia constante de mi madre, la mujer fuerte
del Evangelio, que con su vida nos transmitía
los verdaderos valores cristianos y, cada día,
daba se entregaba sin medir esfuerzos, por cada
uno de nosotros, por nuestro crecimiento en
todas las sus dimensiones. Sin duda que, yo era
FELIZ con lo que yo era, tenía y hacia.
Siempre que reflexionaba sobre mi futuro y
concluía que podría realizarme como persona
siendo psicóloga... sentía que mi mundo se
quedaba pequeño. Percibía que el Señor me
llamaba a dejarlo todo e a seguirle, a poner en
sus manos todo lo que yo era, todos mis dones y
limitaciones, para que Él hiciera su obra en mí
y a través de mí. No ha sido fácil percibir de
forma definitiva lo que Él querría de mí. ¿Sería
Religiosa de María Inmaculada? ¿Sería criadita
de los Pobres? ¿Cómo sería posible que yo,
apasionada y rebelde por naturaleza, un pequeño
“volcán” siempre activo, llegara a ser
religiosa?
|
|
He hablado con una Hermana de cada una de las
dos Congregaciones. He expresado mis
sentimientos, interpelaciones, dudas, deseos y
voluntad de encontrar y ser fiel a la VERDAD.
Aunque las dos se esforzaban por ayudarme, yo no
veía con claridad lo que tenía que hacer. Hasta
que, el 04 de mayo de 1991, sábado de la fiesta
religiosa más importante de nuestra Isla, la
Fiesta del Señor Santo Cristo de los milagros,
después de gran parte de la noche en oración, he
percibido lo que Dios esperaba de mí: SER
RELIGIOSA DE MARÍA INMACULADA!
Desde entonces, he encauzado todas mis energías
hacia la firme decisión de seguirle, de
concretar su sueño sobre mí. He dejado la
Universidad de Coimbra y la carrera de
Psicología y empecé el prenoviciado en nuestra
Congregación. Esta decisión ha merecido la
incomprensión de mis amigos y profesores, ya que
para ellos era sinónimo de “locura”, de
desperdicio de la posibilidad de un futuro
brillante.
He vivido los primeros cuatro años de mi
formación, prenoviciado y noviciado, en el norte
de Portugal, en la ciudad de Braga. Después de
hacer mis Primeros Votos, he sido enviada a Roma
para estudiar Ciencias Religiosas. Jamás
olvidaré la experiencia vivida en aquellos años.
En Roma, he aprendido lo que significaba
UNIVERSALIDAD, unidad en la diversidad; he
entrado en contacto con la universalidad de
nuestra Congregación; he profundizado en el
conocimiento de la persona y vida de Santa
Vicenta María; he entrado en contacto con los
orígenes de nuestra Congregación; he crecido en
el conocimiento interno de la Persona de Jesús,
Pobre y Humilde, el Redentor; he percibido que
el sentido de mi vida más pleno consistía en
participar activamente de la redención de
nuestras jóvenes, llevándoles el Salvador y
trayéndolas a Él; he crecido como mujer
consagrada...
|
|
Después de hacer mis Votos Perpetuos, he sido
enviada a la Comunidad de Lisboa, donde mi
misión principal sería la Residencia de María
Inmaculada. Se trataba de mi primera experiencia
apostólica directa y mi ilusión era muy grande.
En Lisboa, he podido dedicarme plenamente a las
jóvenes y a su formación; participar de su
crecimiento integral, desde el desarrollo de sus
potencialidades; acompañarlas en sus vidas
llenas de desafíos, sueños, alegrías y momentos
difíciles. Han sido mis primeras “hijas”. He
sentido que mi dimensión maternal se realizaba
plenamente. En mi corazón no había espacio para
“tres”, sino para mucho, mucho más. He ido
descubriendo que era yo quien permanecía en el
Corazón de los Tres, en Corazón de la Trinidad,
y conmigo cada una de ellas.

Al final de mi tercer año en Lisboa, he recibido
la invitación de nuestra Madre General, M. María
Dolores Sueiras, para asumir la dirección de
nuestra Residencia de María Inmaculada de
Fortaleza, en el Brasil. Me ha presentado un
nuevo proyecto lleno de desafíos... Me sentía
muy feliz en Lisboa, aunque, a veces, en los
últimos tiempos, experimentase que de nuevo el
mundo empezaba a quedarse pequeño. Era el Señor
que me preparaba para empezar una nueva etapa,
una nueva vida... Hace seis meses que he llegado
a este país con dimensiones continentales,
inmensamente rico y tan lleno de contrastes.
Vivo en una actitud de constante descubierta de
nuevas realidades, de apertura a tanta riqueza,
de entrega, confianza y mucha esperanza.
A lo largo de estos trece años y medio de
Consagración, he tenido siempre el apoyo, el
cariño y la amistad de las Hermanas, que me han
ayudado a ser cada vez más yo misma, que me
enseñaran a ser Religiosa de María Inmaculada,
dando respuestas llenas de libertad a las
llamadas constantes que el Señor sigue haciendo.
Aunque me encuentre del otro lado del Atlántico,
puedo experimentar que la fraternidad y la
amistad se han fortalecido. Ser Religiosa de
María Inmaculada es tener un corazón sin
fronteras, donde siempre que la familia crece se
ensancha el espacio disponible para otros
miembros.
Una de mis grandes alegrías como Religiosa de
María Inmaculada es poder compartir con mi
hermana más pequeña, Lucrecia, la pertenencia a
la misma Congregación. Si tu que has abierto
esta página por curiosidad o sencillamente al
acaso, si alguna vez sientas que Dios va
ocupando cada vez más espacio en tu corazón, que
Él te invita para que le entregues la totalidad
de tu vida al servicio a las jóvenes, ¡NO TEMAS,
DECÍDETE Y VEN! ¡Él estará SIEMPRE contigo! Y,
¡seremos una gran FAMILIA!
|
|