| |
|
Debes
de trabajar cada día como si tu vida
estuviera en juego.
No fuiste creado para una vida de ociosidad.
El trabajo no es tu enemigo, sino tu amigo.
Si te quedaran prohibidas todas las maneras
de esfuerzo, caerías de rodillas y pedirías
la muerte.
No necesitas amar las tareas que desempeñas.
Hasta los reyes sueñan en otras
ocupaciones. Sin embargo, tú debes trabajar
y es como lo hagas, no lo que hagas, lo que
determinará el curso de tu vida. Ningún
hombre que es descuidado con el martillo
construirá jamás un palacio.
Puedes trabajar en forma monótona o puedes
hacerlo lleno de agradecimiento. No existe
un trabajo tan rudo que no puedas exaltarlo,
ninguno tan degradante que no puedas
infundirle alma, ninguno tan sombrío que no
puedas avivarlo.
Lleva a cabo siempre todo lo que se te pida,
y más. Tu recompensa llegará. Aprende que
sólo existe un método seguro de obtener el
éxito y éste es por medio del trabajo
arduo. Si no estás dispuesto a pagar ese
precio para distinguirte, disponte a llevar
una vida de mediocridad y pobreza.
Compadece a los que te ofenden y te
preguntan por qué haces tanto a cambio de
tan poco. Los que dan menos, reciben menos.
Nunca caigas en la tentación de disminuir
tus esfuerzos, aunque estés trabajando para
otro. Tu éxito no es menor si alguien te
está pagando por trabajar para ti mismo.
Haz siempre tu mejor esfuerzo. Lo que
plantes ahora lo cosecharás más tarde.
Siéntete agradecido por tus tareas y por lo
que éstas te exigen. Si no fuera por tu
trabajo, sin que importe cuán desagradable
te parezca, no podrías comer, ni gozar tan
agradablemente, ni dormir profundo, ni estar
saludable, ni gozar de las tranquilas
sonrisas de gratitud de los que te aman por
lo que eres, no por lo que haces.
|