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nada se ha
perdido
de tu silencioso sacrificio...
"Mujer
africana" un
termino interesante por su complejidad...
mujer de encantos, de atracción... bondad y
belleza entrelazadas... Convergencia de sueños, de
esperanzas, de ideales, de pasiones... centro, eje de la
familia, apoyo indispensable de la sociedad. Podemos
apropiarle la terminología poética concedida a la
mujer universal.
Mujer
africana.. mujer del tercer mundo, mujer de países en vías
de desarrollo. Nuestras mujeres del Malí y de Burkina.
Ellas, mujeres, tienen todos esos encantos descritos y
muchos más.
Las
culturas, las mentalidades, las razas, los países con
sus diversas situaciones económicas, marcan sus mujeres
con la impronta de sus tradiciones, sus creencias, su
filosofía.
La
evolución, el modernismo, los medios de comunicación,
las distintas culturas, añaden también sus dones, sus
errores, sus aberraciones sobre la mujer para hacer de
ella un ser difícilmente definible en términos
sencillos.
Mujer
africana, en sus diferentes ambientes. Las primitivas de
los medios rurales, sin posibilidades de progreso,
oprimidas bajo la losa de tradiciones y normas
desviadas, amenazantes, que fácilmente ponen en peligro
sus vidas.
Conocer
África, lleva consigo un repliegue en el corazón,
cuando se palpa de cerca la situación de la mujer en
ciertos medios. Son seres particularmente nacidos para
el trabajo y la maternidad, sin derecho a la cultura ni al descanso. Su
corta existencia, les hace pasar por la vida como
estrellas fugaces, dejando tras de sí constelaciones de
hijos que perpetúan la alta demografía africana.
Mujeres
silenciosas, pacientes, capaces de sufrimiento al
extremo... Sin aspiraciones ni reivindicaciones,
conformes con su suerte... Duermen poco, visten mal,
comen peor. Mujeres que solamente son alabadas y añoradas
por el marido y los hijos cuando se van, dejando un gran
vacío en el hogar.
En
los comienzos del siglo XX con la aparición de los
misioneros en el África Occidental, el Evangelio, como
semilla esparcida, derrama silenciosamente gérmenes
de libertad, de igualdad, de progreso. La tierra
africana entra en un proceso lento de transformación,
cuyos frutos apuntan una actualidad más libre, más
humana y menos opresiva para la mujer. El derecho a la
formación y a la escuela de las niñas y jóvenes, es
una de las prioridades adoptadas por muchos gobiernos,
tomando como slogan “Educar
una mujer... es educar una nación”.
Y
esta escolarización, dispone muchas jóvenes para altas
funciones sociales, docentes y económicas. Despiertas y
conscientes de la situación de inferioridad que sufren
miles de hermanas suyas, cuyas condiciones de vida no
les permiten levantar su dignidad ni reclamar sus
derechos, luchan denodadamente por la promoción y la
libertad de la mujer africana, haciéndose grito y
fuerza, protesta y denuncia de las que aún no tienen
voz ni voto.
Entre
estas dos realidades: mujer primitiva y mujer liberada,
surge un gremio de chicas importante en sí y por su número,
su situación y sus consecuencias. Juventud incipiente,
frágil, víctima del pasado y arrollada por la
influencia del modernismo, también quiere protagonizar
su existencia.
Suspira
por la escuela, por el desarrollo, por un futuro mejor
que el de sus progenitores. La mayoría de esta masa de
jóvenes ven frustrados sus ideales. Los sistemas de
enseñanza superior son excesivamente caros y sólo las
mejor situadas tiene n acceso a ellos; las demás tienen
que conformarse con lo aprendido en la enseñanza básica.
Estas chicas, con niveles excesivamente bajos, solicitan
nuestros centros en los que se establecen
infraestructuras de acogida y de formación de acuerdo
con las necesidades de cada grupo. Están sostenidos con
becas y las más capacitadas pueden seguir
estudios secundarios o especializados como los de la
escuela oficial de enfermeras, creada en Segou en el
1997.
Queda
señalar una categoría especial de chicas, la más
nuestra, la menos considerada, la más oprimida... Desde
hace algunos años, una avalancha de adolescentes y jóvenes,
empujadas por la precariedad y extrema pobreza que
sufren ciertas regiones africanas, emigran a las grandes
ciudades en busca de dinero para alimentar a sus
familias o para preparar el ajuar para su matrimonio,
sin más bagaje que la esperanza de sacar a su familia
de la miseria. Inexpertas, analfabetas, y a veces
desconocedoras de la lengua, llegan en bandadas al final
de las tareas agrícolas (noviembre y diciembre) para
iniciar experiencias mucho más tristes que el hambre y
la ignorancia que dejan en sus hogares .
Encontrar
quien las contrate lo más rápidamente, es su primera
preocupación, caigan donde caigan.
Son
las llamadas “empleadas de hogar” en algunos países;
aquí... “LAS
BUENAS para todo”. Sin leyes, sin derechos, sin
horarios determinados, por un mísero sueldo. Se
levantan las primeras, hacia las cinco de la mañana,
cesando en sus tareas a altas horas de la noche.
En
las grandes ciudades, es urgente sostenerlas, acogerlas,
darles calor... Sacarlas de la opresión y esclavitud en
que se encuentran.
A
esta urgencia responde la nueva casa de Bamako, abierta
a principios del 2.000. La iniciativa de nuestras
Hermanas de crear el primer centro de acogida, formación
y apoyo para estas jóvenes, fue acogida con gran
entusiasmo por todos los movimientos existentes en la
ciudad para la defensa de las sirvientas, abiertos todos
a una colaboración franca y generosa que nos llena de
esperanza y de gozo. Desde que la casa de Bamako
levantaba sus muros con esta específica finalidad, la
sombra bienhechora de Vicenta María con sus sueños, su
espíritu, su carisma, se manifestó prodigiosamente,
fortaleciendo nuestra fe, desechando temores y asegurándonos
en su voluntad de consagrar nuestras energías, a
sostener, a hacer crecer y poner en el sendero de la
salvación los frágiles pies de sus chicas olvidadas y
despreciadas por esta sociedad.
¡TODO
UN DESAFÍO QUE NOS QUEMA Y NOS IMPULSA PARA QUE VICENTA
MARIA VUELVA A TRIUNFAR EN ESTA JUVENTUD AFRICANA...!
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