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AL SERVICIO DE LA COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN
 “SE HACE CAMINO AL ANDAR...”
Ma. Eugenia Vicenti, RMI
 
El amanecer del siglo XX encuentra consolidado el hogar de las RMI que ha crecido bajo la guía de su Fundadora, Vicenta María López y Vicuña. Sus hijas viven, cada una, en la propia riqueza original, la experiencia fundacional como experiencia del Espíritu, y alimentan el crecimiento del “cuerpo” congregacional con la vivencia del Carisma de la Santa, en fidelidad dinámica a la primigenia inspiración. El deseo de esta autenticidad y coherencia de vida, es un empeño real a lo largo de estos cien años.
La tarea fundamental de los Capítulos, ha sido recoger las constantes evangélicas que se manifiestan en la Congregación y que son expresiones irrenunciables del Carisma. Son el lugar donde se ha vivido la búsqueda de la “fuente” de la norma, de la presencia de Aquél que va dibujando y perfeccionando en la historia congregacional su identidad carismática.
Los que ahora solemos identificar como núcleos centrales de la vida consagrada, están presentes -implícita o explícitamente- en todos los capítulos: Misión, Comunión,  Identidad.
Cada Capítulo es reflejo, con sus luces y sombras, de las necesidades del momento histórico, congregacional y eclesial. Es como si la inquietud apostólica de Santa Vicente María, que la había llevado a concretar la gracia carismática en un “Instituto ad hoc” para realizar la mayor gloria de Dios y responder a la necesidad de la época, fuera el impulso para mantener encendida en sus hijas la atención a las exigencias que piden concreciones carismáticas nuevas.
La documentación histórica se ciñe a las actas de los Capítulos, y es concisa hasta el año 1960. Las orientaciones se recogen en las alocuciones de las Superioras Generales que expresan el sentir del Capítulo.
Los elementos comunes a las actas son: la relación del estado económico, las elecciones y las palabras de la Madre General. A partir del 60 los datos son más ricos y ayudan a entrar en el desarrollo del Capítulo y sobre todo en su espíritu.
Me limitaré a dar un flash de cada uno, subrayando lo que puede tener alguna significación para el momento que la Congregación vive.
 

CAPITULO GENERAL DE 1889

El Capítulo General celebrado en Madrid en 1889, eligió a Vicenta María Superiora General del naciente Instituto.

Vicenta María nos dejó... demasiado pronto, el 26 de Diciembre de 1890, a los cuarenta y tres años de edad, y sólo catorce años de la fundación. Se cumplió en ella lo que había escrito a propósito de la Superiora General en la Regla 394: “llegará día en que puesta en la presencia de Dios, sin temor de perderle, muy acompañada de religiosas y colegialas, pueda decirle: Padre, perfecciona la obra que me encomendaste”. Y Dios, en su Providencia, cumplió su palabra.

CAPITULO GENERAL DE 1905

 
Es el cuarto Capítulo y primero del siglo. Con sobriedad de expresión, las actas ponen en evidencia la valentía del Capítulo para afrontar una revisión de obras, concretamente, de la casa de Toledo que unánimemente decide cerrar “porque no se había podido lograr casi ningún fruto en las almas ni se conseguían medios de subsistencia”. El por qué no se llevó a cabo esta determinación, no se ha estudiado todavía.
Continúa como Superiora General la M. Ma. Teresa Orti.

CAPITULO GENERAL DE 1911

 
Es un Capítulo clave en la historia de la Congregación. En él se aprueban las Reglas escritas, casi en su totalidad, por la Santa. En el corazón de la M. Ma. Teresa Orti y de todas las que convivieron con Vicenta María, late la inquietud de que nada de lo que ella había vivido, impulsado, recibido de Dios..., se perdiera. Para darles estabilidad, la M. General lo expuso al Capítulo, y estudiadas detenidamente, las aprueban y firman todas las capitulares, con lo cual no podrían ser ya modificadas sin la aprobación de otro Capítulo general. Estas Reglas fueron, durante muchos años, el “vademécum” de las religiosas, que fraguaron su espíritu en ellas.
Asimismo, se legisló una hora y media de oración para las Madres, y, al no poder dedicar el mismo tiempo las Hermanas Coadjutoras, por razones de su trabajo, se determinó poner la norma en el “Costumbrero del Instituto”. Así se quería salvar algo fundamental en las orientaciones de la Santa y en la praxis de la Congregación, respetando el deseo, siempre vivo en ella, de hacer de la oración personal el lugar de crecimiento en la vida según el Espíritu, deseo que hoy es una realidad

CAPITULO GENERAL DE 1917

 
Se postula por primera vez a la M. Ma. Teresa Orti. La unanimidad en el sentir de las capitulares, expresión de una profunda comunión, rubrica su buen gobernar, que en el largo periodo de servicio vio la consolidación de la Obra y la penetración del Carisma en situaciones sociales nuevas para dar respuestas nuevas.
En este Capítulo se examina con realismo algo que ha sido, es y será una característica de la Congregación: la escasez de medios económicos.
Esa pobreza "institucional" que se palpa desde los comienzos, es vivida como una “riqueza” congregacional, cuyos bienes son de las jóvenes y cuya fuente de sustento es el trabajo, a veces duro, pero siempre llevado con garbo por cada uno de sus miembros.

CAPITULO GENERAL DE 1923
 
Nuevo signo de comunión es la segunda postulación de la M. Ma. Teresa Orti.
En este Capítulo, lo que más se vislumbra es el gozo por la vivencia de la pobreza, a la que corresponde la manifestación de la Providencia que da lo suficiente "para el sustento de las casas”. Sin embargo, es una llamada de atención para que “este beneficio no sea causa de relajación, debiéndose emplear esos medios tan sólo para prosperidad de la casa, desarrollo de la Obra y bien de las almas que el Señor nos confía”. Comienza la preocupación de no perder el tinte de sencillez y pobreza que, desde los orígenes, caracteriza a la Congregación, para vivir en sintonía con las jóvenes pobres. Es recuerdo, todavía vivo en las hermanas, la pobreza evangélica de la Santa, que pasó por tantas adversidades con la alegría de los pobres.
            En lo que afecta al ejercicio de la autoridad, hay una exhortación de la M. Ma. Teresa dirigida a las Superioras. Deseaba que fueran su apoyo, prolongación de su servicio, y que éste fuera vivido con el espíritu de la Fundadora.

CAPITULO GENERAL DE 1929
 
o más trascendente, por lo que atañe a la misión, es la propuesta de agregar al nombre del Instituto “alguna palabra con el fin de obviar las dificultades que surgían de las palabras ‘servicio doméstico’, limitando nuestro campo de acción solamente a las sirvientas.
Como éstas tendían a disminuir, era menester ampliar nuestra Obra a la protección de todas las jóvenes, siempre que se ganasen la vida con su trabajo mental o material.
Ya se estaba haciendo en bastantes de nuestras casas, pero era necesario tenerlo en las Constituciones...” (cf. Actas).
Hay reflexiones sobre la vivencia de la caridad y de la consagración religiosa, con especial alusión al ejercicio de autoridad vivida carismáticamente, acentuando la necesidad de vivir la unión de corazones y voluntades que, en palabras de la M. General, “daban por resultado la unanimidad en los Capítulos generales”.
Es elegida la M. Ma. de la Concepción Marqués, cuando llevaba cuatro años ejerciendo como Vicaria.
En este Capítulo se determina la división de la Congregación en provincias, de momento tres: las de María y Jesús, en España y la de San José en América.

CAPITULO GENERAL DE 1935

Las palabras de la Superiora General, M. Ma. Concepción Marqués, expresan inquietud por la vivencia de nuestros rasgos carismáticos: caridad cimentada en la humildad, obediencia, pobreza “como muro y defensa de la vida religiosa” (cf. Actas), espíritu de fe, celo por la salvación y santificación en particular de las jóvenes sirvientas, obra propia nuestra y, después, de todas las demás jóvenes que acuden a nuestras casas, trabajando con todo interés y abnegación, no fijándose tanto en el número... como en el espíritu y la formación. Se insiste en la necesidad de la formación de las chicas y el seguimiento de las hermanas que trabajan con ellas. La dimensión carismática de la preservación se mantiene siempre viva y lleva a buscar cauces nuevos de acercamiento a la joven.
Dada la proliferación de Sindicatos, se subraya la conveniencia de que las chicas se incorporen a ellos pagando su cuota, pero que la sede no sea en nuestras casas, ni las chicas se integren en las juntas directivas. Los cambios sociales no dejan indiferente a la Congregación; estimula la búsqueda de soluciones que ayuden a nuestro apostolado específico.

CAPITULO GENERAL DE 1939

 
La elección de la Superiora general recayó en la M. Ma. de San Luis de Caso.
Es el final de la guerra española; se han vivido situaciones de dispersión. Es necesario puntualizar elementos que pueden haberse desdibujado y potenciar su vivencia: atención especial a las sirvientas, que no deben faltar en ningún “colegio”; necesidad de una honda vida según el Espíritu, alimentada por la oración y la Eucaristía, valorada en su dimensión de presencia -se da fuerza a la exposición diaria del Santísimo y a la Hora Santa de los primeros viernes-; empeño en la selección y formación de las religiosas, cuidado en la lectura de Constituciones y Reglas, prudencia en realizar fundaciones sin que se hayan consolidado las hechas; se legisla la Tercera Probación (en proyecto con la M. Ma. de la Concepción); atención a la pluralidad de situaciones, en lo que afecta a horarios y otras costumbres. Una vez más se valora la comunión de bienes.

CAPITULO GENERAL DE 1945

Es elegida por segunda vez la M. Ma. de San Luis de Caso.
Se aprobaron las Reglas de las Superioras Provinciales y de la Instructora de tercera probación. Para esta etapa de formación, se establece que las religiosas de todos los países vayan a España, hasta que haya Terceronado en Roma.
Sorprende la actualidad de los temas tratados por la Madre General, válidos para el hoy de nuestra historia y que encuentran eco en Capítulos recientes, como:
- La preocupación por la formación de las religiosas...
- “Necesidad de que Madres y Hermanas hablen el idioma del país donde están...” (cf. Actas)
- Gozo por el espíritu de caridad y unión del Instituto que debe ayudar a crecer en el más.
- Necesidad de cuidar la vivencia de la pobreza, humildad y oración.

CAPITULO GENERAL DE 1948

A los tres años de la celebración del Capítulo anterior, fallece la M. Ma. de San Luis, gobernando como Vicaria en el tiempo que media entre un Capítulo y otro, la M. Ma. Antonia Perales. La elección de Superiora General, recae en la M. Ma. de la Redención Navas. Se presentan algunas cláusulas para añadir a las Constituciones, previstas ya por la M. Ma. de San Luis. El Capítulo da un voto de confianza al Gobierno General para su redacción definitiva, así como para la redacción de un Reglamento para las residencias universitarias que estaban aumentando considerablemente.

CAPITULO GENERAL DE 1954

Es el primer Capítulo en el que se lee la información del estado de personal y disciplinar de la Congregación presentado por la Madre General.
La elección de Superiora General recae, por segunda vez, en la M. Ma. de la Redención Navas.
Se da un voto de confianza a la Madre General y Consejo, para revisar las Reglas y Constituciones, de acuerdo a los cánones, se atisban ya deseos de mayor apertura y flexibilidad en horarios y costumbres.
Se decide ofrecer a las chicas en nuestras casas servicios médicos en dispensarios.
Se propone el traslado de la Curia General a Roma.
Es interesante cómo se manifiesta la necesidad de poner en práctica medios que conduzcan a vitalizar la dimensión social en las obras apostólicas:
- preparación de las religiosas en las escuelas de Servicio Social,
- estudiar, en cada casa, las Encíclicas Sociales.
Sigue evidente la comunicación de bienes.

CAPITULO GENERAL DE 1960

Es el primero que se celebra en Roma, en la casa de Vía Palestro. La postulación de la M. Ma. de la Redención Navas, que llevaba doce años al frente de la Congregación, es confirmada en el acto por el Cardenal Mícara.
Se toman varias determinaciones en orden a la reestructuración de provincias: erección de las de Guadalupe y Fátima y del noviciado en Colombia; la apertura de Escuelas Profesionales y laborales; la adaptación de las Reglas y Prácticas y redacción de las Reglas particulares para Residencias.
Se sometió a votación la propuesta de que las religiosas de ambas clases, pudieran visitar al padre o madre gravemente enfermos, cuando residan en la misma población, por una sola vez y acompañadas de otra religiosa.
Hay un primer paso para la unificación de clases, con el cambio de hábito y velo de las Hermanas Coadjutoras, igual que el de las Directoras

CAPITULO GENERAL DE 1967

Es el capítulo que abre la etapa post-conciliar en la Congregación y el lugar donde se recogen las aportaciones de las Provincias para la elaboración de las nuevas Constituciones.
La elección de Superiora General, recae sobre la M. Ma. Carmen Churruca.
Se empiezan a revisar estructuras, para abrir cauces a la responsabilidad personal, para acoger todo lo bueno que el soplo del Espíritu había traído a través de las “ventanas abiertas” de la Iglesia. Muy significativa es la urgencia de la unificación de “clases”, respuesta al deseo de la Iglesia.
El espíritu de este Capítulo se encierra en las palabras de clausura de la Madre General: “Lleven a sus comunidades el aliento de fervor y renovación vivido en estos días, recordándoles que las mejores acomodaciones no surtirán efecto si no están vivificadas por el espíritu interior: la letra mata, el Espíritu es el que vivifica. Conocer más a Cristo, seguirle más de cerca, tal es el principio vital que debe animar la puesta en práctica de los acuerdos del Capítulo” (cf. Actas).
El Capítulo se suspende para abrirse al año siguiente.

CAPITULO GENERAL DE 1968

En el intervalo se prepara el anteproyecto de los capítulos I al VII de las Constituciones. Se busca un clima de mayor apertura en la vida comunitaria -expansión, visitas a las familias cada seis años, lecturas, información... y una mayor comunicación con la publicación de Anales dos veces al año.
A nivel apostólico son interesantes algunas propuestas: la de presentar al Gobierno español una petición para abrir Escuelas Profesionales para empleadas de hogar y que a éstas se les reconozcan los derechos y deberes de los trabajadores; la de crear la Asociación de empleadas de hogar y la de editar en español los textos para la formación de las mismas elaborados por la Asociación Católica de Trabajadores de Italia. (ACLI).

CAPITULO GENERAL DE 1973

La etapa previa a este Capítulo estuvo caracterizada por una dinámica de participación de las comunidades, que reflexionaron sobre la renovación y adaptación del Instituto según las orientaciones del Concilio, que abrió horizontes y fue terreno propicio para una comunicación más abierta. Se llegó a la unificación total de “clases”.
M. Ma. Cruz Gil Marquina es elegida Superiora General.
Línea fuerza de este Capítulo fue la revisión de nuestra misión específica con las jóvenes más necesitadas. A esta inquietud se responde con la supresión de residencias de señoras, escuelas hogar, colegios de niñas y la transformación de colegios de gran solera, como el de Pamplona, en Escuelas Profesionales. Las conclusiones, recogidas en los Documentos capitulares y entregados a cada hermana, son referencia obligada para verificar la adhesión de nuestro trabajo apostólico a la primitiva inspiración.
Es el Capítulo que:
  •  busca abrir cauces en el campo apostólico, dar nuevas respuestas.. y, aunque en la práctica se generaron situaciones que llevaban el sello de la cruz, se vivieron con talante evangélico;
  •   innova principios y crea estructuras de participación en el gobierno: delegaciones, consejos y asambleas;
  •    impulsa modificaciones en la vida comunitaria; urge nuevas formas de diálogo en el Espíritu...
  • Es éste otro de los Capítulos clave en la historia congregacional: la vuelta a las fuentes y la acogida de lo nuevo se van integrando con un discernimiento que se realiza entre luces y sombras, siempre en un clima de sincera búsqueda del querer de Dios.

CAPITULO GENERAL DE 1979

La elección de Superiora General, recae en la M. Ma. Eugenia Vicenti.
Puede considerarse este Capítulo un complemento del anterior. De hecho, se llega a la clarificación a nivel teórico-doctrinal del Carisma en su globalidad, y se ofrece una visión amplia de la identidad de la Religiosa de María Inmaculada, que ilumina el estilo propio de nuestra vida religiosa apostólica: la opción por Cristo, savia que penetra toda la vida; la misión, sus destinatarias y los medios pastorales específicos; las estructuras para expresar esta opción -votos, comunidad, gobierno...-, elementos constitutivos del carisma que configuran nuestra identidad, y que Vicenta María vivió dando origen a la Congregación.
Primer objetivo de la reflexión de las capitulares, es la aprobación definitiva de las Constituciones “ad experimentum”.
Es indudable que no se puede dejar de hacer referencia a este Capítulo, cuando se quiera verificar algo sobre el Carisma Congregacional.

CAPITULO GENERAL DE 1986

El Documento Capitular de 1986, recoge fielmente las reflexiones de este Capítulo al que precedió una cuidada preparación, según las orientaciones del Consejo Extraordinario. Los objetivos son:

  • Revisión y planificación de obras apostólicas,

  • Reflexión sobre la formación permanente como eje de la vida personal y comunitaria.

La interpelación que brotaba de la misión apostólica, atrajo la atención de las capitulares hacia los agentes de pastoral, deteniéndose a reflexionar sobre la vida en fidelidad al Espíritu que debe inspirar la labor evangelizadora de cada hermana.   Queda sintetizado el espíritu del Capítulo en el título del documento: “Seguir a Jesús evangelizando hoy”, todo él impregnado por un afán de evangelizar, de seguir haciendo presente en el mundo y, concretamente entre nuestras jóvenes, el amor eterno de Dios, como lo hizo Jesús en su tiempo y como –siguiéndole a Él- lo hizo Vicenta María en el suyo, y de entusiasmar a las jóvenes con el seguimiento de Jesús.Se clarifica con qué elementos indispensables podemos hacer realidad en nuestra vida el anuncio de la buena noticia de salvación: ser contemplativas en la acción, ser comunidades que vivan para la misión y ofrezcan la evangelización a las jóvenes a través de cauces válidos y de nuestra dedicación hecha servicio. Para dar respuesta a esta llamada, se urge a una revisión de obras, tomando conciencia de que la mies es mucha..., requiere reflexión, discernimiento y disponibilidad, apertura de mente y corazón, para valorar y acoger la participación de los colaboradores seglares, de los que por primera vez se trata en un Capítulo. Se hace una llamada especial a la comunicación de bienes y a la solidaridad congregacional.

Es postulada, Superiora General, la M. Ma. Eugenia Vicenti.

CAPITULO GENERAL DE 1992

Se llega a este Capítulo después de una intensa y cuidada preparación de todas las Comunidades, bajo la orientación del Gobierno General. Hay que destacar la “participación” de las jóvenes en la realización de los Capítulos de Jóvenes –locales, provinciales y general- en los que hicieron oír sus voces, agradecieron la riqueza que reciben de la Congregación, ofrecieron sugerencias y se sintieron protagonistas responsables de su propia historia de salvación.
La dinámica más honda de este Capítulo responde a una vivencia del misterio de la Encarnación: “...contemplar el mundo con la mirada de Dios”, “... sumergirse en su corriente salvadora de Dios”, “... introducir la fuerza de la salvación en este mundo”, “... confianza en que lo que es imposible para nosotras, es posible para Dios.”
En el documento capitular se expresa claramente la urgencia de observar, escuchar, palpar con nuestras propias manos los gritos de dolor del mundo; la soledad, las situaciones de pobreza e injusticia que viven muchas jóvenes y que interpelan a tantas hermanas. Es la urgencia de una mayor identificación con Jesús pobre y humilde.
La preocupación por una pastoral vocacional que suscite en las jóvenes deseos de seguir más de cerca a Jesús, como al Único Bien, estalla con más fuerza.
Se esbozan líneas de orientación para la colaboración de los seglares, que son un motivo de esperanza para el futuro de la vida de la Congregación.
En este Capítulo fue postulada, por segunda vez, como Superiora General, la M. Ma. Eugenia Vicenti.

CAPITULO GENERAL DE 1999

Cuando el siglo XXI está al alcance de la mano y la Iglesia nos invita a la celebración del año de gracia que conmemora el dos mil del Nacimiento de Cristo y que, como todo año Jubilar, abre caminos de esperanza en el Dios que tiene en su corazón nuestra historia, la Congregación convoca el Capítulo General, último del siglo. Elige como Superiora General a la M. Ma. Dolores Sueiras.
Un acontecimiento portador de esperanza es la participación de los Colaboradores de Vicenta María, que traen la voz del laicado de nuestra familia congregacional y que, junto a las hermanas capitulares, buscan líneas de futuro que hagan más vital y carismática la marcha del movimiento.
Los documentos de los cuatro últimos Capítulos, ofrecen orientaciones muy válidas para nuestra vida religiosa apostólica. De ahí que este Capítulo concluye con un “Proyecto de Vida”, anuncio de una buena noticia: el Don, la Palabra de Dios acogida por cada una, aceptada, engendrada con la fuerza del Espíritu, se tiene que manifestar y hacer luz en nuestros senderos para iluminar a cuantos caminan a nuestro lado. Parte de realidades concretas, detecta límites y ofrece recursos, encierra sueños y aspiraciones... Es un proyecto que quiere recordar otro mayor: el de Dios Amor para la humanidad... (Cf. Carta M. General 8.9.1999).
 

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