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“Hace tiempo
que yo tengo dos deseos: el uno, dejar por escrito la
historia de los sucesos que, como insensiblemente,
la divina Providencia ha ido enlazando para la
preparación y establecimiento definitivo del
Instituto y su desarrollo..
Aunque
en nuestra historia no hay nada portentoso en
lo exterior; ni cosas de grande efecto, las
más pequeñas y ordinarias son interesantes para
nosotras, y creo que a las contemporáneas les
servirá de gusto recordarlas, y a las que vengan
después saberlas; unas y otras alabarán a Dios,
si estudian cuán suavemente lo ha ido disponiendo
todo.
El
otro deseo es dejar consignadas algunas virtudes de
mis antepasados, porque yo creo que ellos fueron el
cimiento del Instituto, y desde allí empezó el
Señor a preparar los caminos…”
“Doña
Mª Eulalia Vicuña casada con el Ilmo.Sr. D. Manuel
de Riega y su hermano D. Manuel María Vicuña,
pertenecían a la “Congregación de la Doctrina
Cristiana” desde los primeros tiempos de su
fundación.
Cuando
los señores Vicuña empezaron a trabajar en
esta obra no estaba establecida más que en el
hospital de San Juan de Dios. Dª Eulalia la extendió
después en cuanto a las secciones de señoras al
hospital general y a la cárcel de mujeres”.
“Viendo
pues que era infructuoso cuanto se trabajaba con las
mujeres de mala vida que en el hospital de San
Juan de Dios se refugian porque a su salida
volvían a las casas de perdición, Dª Eulalia se
propuso poner una casa aunque muy en pequeño a donde
poder llevarlas”.
“Algunas
señoras las ayudaron y se reunió lo necesario para
pagar por un año un modesto alquiler”.
“El
8 de diciembre de 1853 después de comulgar en la
parroquia de San Andrés salió [Dª Eulalia] en busca
de un cuarto y lo halló en la calle de Lucientes.
Allí se pusieron tres camas y una Sra. Piadosa tenía
cuidado de las jóvenes que se recibían precedentes
de San Juan de Dios”.
“Por
entonces trataba ya la Vizcondesa de Jorbalán
de la realización de su fundación para este mismo
fin y en vista de que ella llenaba cumplidamente el
vacío que se experimentaba, Dª Eulalia pensó en que
la CASITA empezada, que así se llamaba con toda
propiedad, sirviera para recibir en sus convalecencias
las sirvientas honradas
que salían del hospital general y no tenían donde ir
y de las que decía Dª Eulalia: “que empeñaban la
ropa y luego el alma”. Así se hizo.
“Y
como fue creciendo el número se aumentaron las camas
y se tomaron pisos más capaces uno en la calle del
Rubio y otro después en la calle del Humilladero.
Primeramente no se recibían más que las que salían
del hospital y luego se extendió a recibir las
desacomodadas”.
“Viendo
que el pensamiento se desarrollaba pensaron los
señores Vicuña en que era preciso que un Instituto
religioso se encargase del gobierno interior del
pequeño establecimiento y se fijaron en el de “Carmelitas
de la Caridad” que efectivamente se encargó de las
casa el año 1855. Se formó una junta de señoras y D. Manuel María Vicuña
(que era el alma de todo lo que su hermana ejecutaba)
con otros dos señores, Présbíteros ..
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