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CARTA AÑO 2001

5 de Diciembre 2001

                                     Carta a mis hermanas

Muy queridas hermanas:

Os escribo bajo el techo de la Casa de Santa María de Guadalupe, nuestra madre. Desde la Paz de este santo lugar y ante el espectáculo familiar y emocionante de las Eucaristías celebradas sucesivamente para los peregrinos, os siento cercanas a todas las que formamos la Congregación, al acercarse la fiesta anual de nuestra madre Inmaculada.

Al contemplar su imagen, qué puedo desearos sino que Ella misma os comunique algo a través de estas líneas, que quisiera os llevaran su mensaje y fueran para todas ocasión de encuentro con las raíces más hondas de nuestra espiritualidad mariana.

Después de haber esperado tanto este comienzo de siglo y de milenio, los sucesos tristísimos que todavía sufrimos, y que están siendo causa de dolor y muerte por otra nueva guerra... Ante la persistencia de proyectos de violencia, podríamos caer en la duda de los procesos de paz y de cambio en la historia de la humanidad. Pero mirando a María, “se me hace” que es necesario confiar en un nuevo amanecer, escuchar un anuncio de esperanza y recordar que Ella es “Aurora de Salvación”.

Si es “aurora”, es que se acerca en DIA... si estamos sufriendo la oscuridad de una noche en nuestro tiempo... sin embargo, también podemos percibir albores y ráfagas de luz. La lectura del Apocalipsis 12 y el mensaje de la “tonatzin” de Guadalupe, contienen una misma clave, para mí de respuesta de fe y de esperanza para tiempos difíciles.

“Una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida de sol con la luna
"bajo sus pies y una corona de doce estrellas...”
“...iba  a dar a luz...”
“y el dragón se puso al acecho...”
“la mujer dio a luz un hijo varón...”
y “se retiró al desierto donde tiene un lugar preparado por Dios, para ser allí alimentada”.

En este pasaje parece que la mujer simboliza el Pueblo de Dios: su origen, su situación de lucha, su espera... pero también a la Iglesia alumbrando constantemente al Salvador. Nosotras en la Mujer del Apocalipsis contemplamos a María que anuncia: “Ya está aquí la Salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios”.

  En el acontecimiento de Guadalupe, esta visita de María nos muestra el cielo acercándose a la tierra; cielo y tierra unidos en una Mujer que viene a alumbrar la Salvación y la paz para todos. De Ella se dice que viene a escuchar, a consolar, a quitar miedos, a ejercer su maternidad  virginal, revistiéndose de los valores culturales del pueblo al que se dirige. Viene a reconocer la dignidad de toda condición humana, del hombre y de la mujer, viene a reconciliar pueblos.

  Al comenzar a escribiros, sentía que muchos eran los motivos para hacerlo, ahora siento que realmente el motivo es María. Necesitamos mirar mucho hacia Ella, como una maravillosa síntesis de vocaciones en el ser mujer, femenina, esposa, y madre. Necesitamos seguir dejándonos sorprender y enseñar por “su misterio de Inmaculada”, por el “rostro nuevo de la mujer REDIMIDA POR JESUCRISTO en la que el Reino se realizó plenamente” (Const. 73)

  A María Inmaculada necesita volver nuestro tiempo, lo necesitan las instituciones religiosas para continuar “promoviendo la defensa, la educación y formación de la mujer” y nosotras, para seguir descubriendo en Ella las genuinas fuentes de nuestro Carisma. Que Santa Vicenta María nos lo haga sentir.

Como Mujer, Virgen y Madre es la agraciada y elegida de Dios que ofrece al mundo la LUZ y la VIDA que es su Hijos JESÚS.

Es la presencia viva del amor y la ternura de Dios, sin atisbo alguno de egoísmo.

Es “anawin”, desprendimiento y confianza total en Él, para que solo El y sus palabras sean escuchadas y obedecidas.

Es fortaleza y libertad, en la búsqueda y realización del Plan de Dios hasta el fin, junto a todos los peregrinos y peregrinas de la tierra.

Es espacio interior de soledad, la ORANTE que encuentra en su Señor su alimento y su        riqueza.

Es mucho más...

  Que al celebrar su fiesta como pórtico del Adviento, su mensaje nos llene de paz, de esperanza, y junto a nuestras jóvenes y colaboradores, descubramos una vez más en María, la Belleza del Dios que VIENE, y la vocación y misión de la joven-mujer con la que Él quiere contar para hacer presente ya, su Reino de LUZ y VIDA y de PAZ para todos.

Con todo el cariño, os abraza vuestra hermana.

                                       Mª. Dolores Sueiras,rmi

 

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