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CARTA AÑO 2002

Religiosas de Maria Inmaculada
Rua S. João Eudes, 24
2495-651 Fátima

3 de Diciembre de 2002 Carta a mis hermanas

Muy queridas hermanas: ¡Muy feliz día de la Inmaculada!
Desde Portugal, donde estoy pasando la visita como sabéis, os escribo, pensando en todas vosotras, al acercarse el día de nuestra fiesta.
Me preguntaba qué podía comunicaros, aparte de la alegría que da celebrar un día tan nuestro, tan congregacional, y junto a María, he tratado de recoger los sentimientos y deseos que me brotaban junto a la verdadera Madre de todas.

De los días pasados en Azores, ha quedado grabada en mí una frase que leí en la capilla del Señor Santo Cristo, el mismo día que lo visité:
“Attendei esposas minhas “Atended esposas mías
á minha Lei, e prestai a mi Ley, prestad oído
os ouvidos ás palabras a las palabras
da minha boca” de mi boca”
- Ps. 77,1- - S. 77,1-

Esta frase me impresionó mucho y en seguida busqué en la Biblia este salmo, digno de ser meditado. Me fui dando cuenta de que a una historia de debilidades, infidelidad y rebeldía del Pueblo elegido, Dios corresponde con corrección, salvación, fidelidad permanente. El salmo comienza así: “Pueblo mío…” pero en dicha frase se ha sustituido por “esposas mías” Es una aplicación a quienes hemos sido elegidas, para atender a Aquel que en su Persona, Jesús, resume toda la Ley, la Voluntad de Dios. Las palabras que El pide sean oídas… son El mismo, la Palabra que el Padre nos pide escuchemos.

Por experiencia sabemos que nosotras, “mujeres vocacionadas” consagradas por este Dios Fiel, participamos también de la infidelidad de su Pueblo… y con dolor, en carne propia… Sin embargo, aunque “débiles y pecadoras” también “enamoradas” del Señor Jesús. Siento que El nos invita, en este tiempo, a mirar más a su Madre y aprender de su fidelidad. Nadie como Ella hizo de su vida una ATENCIÓN TOTAL e ininterrumpida a la Palabra encarnada, que la habitó y vivió en su seno, en su casa

La disponibilidad de María no encontró otra expresión mejor que llamarse “la esclava del Señor” y dejarse hacer por el Plan que el Ángel le propone, hasta dar cuerpo humano al Hijo de Dios, por la acción del Espíritu.
Me pregunto, ¿Qué haría el Señor en nosotras si atendiésemos así a su querer, y fuésemos tan disponibles a su Ley? Esta la ley que no es otra, sino la del amor, que va formando en nosotras la imagen de su Hijo e Hijo de María.

De esta Virgen y Madre escribe Lucas, que guardaba las palabras y los hechos de Jesús, “meditándolos en su corazón” ¿Y nosotras? ¿Cuidamos una actitud habitual de escucha a Dios en su Palabra y en las palabras de nuestros hermanos, y hermanas…?

La vida toda, está impregnada, de Quien es la Palabra creadora… puesto que somos humanidad salvada, aunque estamos en el “ya pero todavía no”. Y necesitamos de la luz del Espíritu para interpretar, acoger, interiorizar los acontecimientos, caminando en fe y compartiendo esperanza.

¿Qué nos ayudaría a mantener unas condiciones favorables a la serenidad, el silencio, la limpieza interior del corazón, que pide la escucha contemplativa de la Palabra Viviente?
Ya sea en la oración, o percibida en el vivir diario, y en los sucesos de nuestro mundo…

Las respuestas las podemos encontrar dentro de nosotras mismas, mirando a nuestra Señora. Y volviendo al principio de esta carta, en Ella descubro la respuesta plena, a aquellas palabras que parece hoy, el Señor podría dirigirnos, como una llamada y vuelta a lo esencial de nuestra vida consagrada, vida de Alianza con El.

Como nuevo Pueblo de Dios, María nos representa:
Virgen y Esposa fiel, consagrada a la Persona y a la Obra de su Hijo.
Contemplativa del rostro del Señor, y discípula de la Palabra…
Madre de la Sabiduría que asimiló y gustó la ternura de Dios
en Jesús Niño, sobre sus rodillas…
A este Jesús nos presenta, como Hijo obediente, y pobre…
Consagrado por nuestra salvación.
Es El, quien hace arder nuestro corazón e ilumina nuestros ojos…
Nos transforma la vida.

Con esta esperanza, que en los días que nos quedan hasta la Navidad, María nos prepare para celebrar la FIDELIDAD DE DIOS, en un nuevo encuentro con la humanidad, con nosotras. Y con Ella podamos renovarle nuestro SI, al don de su llamamiento y de su Amor.

Para todas y cada una, mi abrazo de hermana con todo cariño.


Ma. Dolores Sueiras, rmi

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