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CARTA AÑO 1995

Religiosas de María Inmaculada
Beleko
                                                                         Fiesta de la Inmaculada, 1995
 
Muy queridas hermanas:
Esta vez mi felicitación por la fiesta de nuestra Madre, la Virgen Inmaculada, os llega desde el continente africano y quiere ser portadora además de mi cariño fraterno y de mi deseo de ser cada vez más hijas e la Virgen, también de algo de la riqueza que ha dejado en mí este pueblo, algo de su amor a María.
        
Sé que nada nuevo puedo deciros, pero sé que algo nuevo nace en mí con relación a María cuando la descubro en la fuente de la evangelización de un pueblo...
 
Quizá sabemos poco del papel de María en Africa, perdón, sé poco... Por eso ella ha querido mostrarme qué ha sido para los africanos, cómo para ellos, al igual que para los otros pueblos, ha sido la portadora de Jesús.
 
Me habían hablado de un catequista de Malí, como fundador, con los padres Blancos, de la Iglesia de Burkina. Quise leer su vida en un pequeño folleto que me puso en contacto con la grandeza de las maravillas de Dios en los pobres, en los sencillos, en los pequeños... Diban Alfred Simón Qi Zerbo, así se llamaba, había sido hecho esclavo por los árabes y dos veces había intentado escaparse. Joven, digno, fuerte, anhelaba su libertad, pero no lograba alcanzarla. A la segunda tentativa de huida fue duramente golpeado y rendido terminó durmiéndose profundamente.
 
En el sueño vio una señora bellísima que le sonreía y le tendía sus brazos... su despertar fue muy dulce, consolador, y sobre todo acompañado de una sensación de paz, de la certeza de la libertad... el joven decidió escapar otra vez sin que nadie, milagrosamente, se apercibiese de ello... sus pies no acusaban cansancio, la sonrisa y la ternura de la mirada de la señora daban alas a su sueño de libertad. Por fin, después de un largo caminar por terrenos abruptos, se encontró con alguien que le llevó a un poblado donde vivían hombres vestidos de blanco: era la misión de los padres Blancos... fue acogido con cariño, se repuso del cansancio. Al entrar en una sala, su corazón comenzó a latir fuertemente como si estallara... allí estaba la señora de su sueño...
 
Diban se bautizó y se convirtió en catequista ejemplar, “santo” en portador de la buena nueva con los PP. Blancos a Ouagadougou, hoy capital de Burkina. Allí donde hacía falta abrir caminos, estaba Diban alfred Simón con su generosidad, su bondad sin límites, coherencia de vida ¡qué significativo el nombre de Simón que proféticamente le impusieron los Padres al bautizarlo!.
 
¡Cuánto me ha hecho pensar la vida de este catequista, cuántos sentimientos ha suscitado en mí el acercamiento a la vida de este evangelizador con relación a María! La he sentido Madre de la Inculturación de la fe, como portadora de Cristo a todos los pueblos...
 
He revivido mis experiencias marianas este año: Lourdes, Guadalupe, María del Sahel. En cada lugar he sentido a María presente entre los pueblos, para hacer inteligible el Evangelio, para acercar a los hombres a su Hijo...
 
En Lourdes se hacía presente para suscitar experiencias de fe y derribar muros que levantaba la primacía de la razón, para sacudir los corazones endurecidos por las secuelas del iluminismo y orientar un diálogo entre la razón y la fe, fortaleciendo ésta en el corazón de los que son más sensibles a la voz de Dios y habiéndoles cauces de evangelización.
 
En el Tepeyac, asumiendo rasgos indios, hablando a un indio su lenguaje, vino a arraigar la fe incipiente de un pueblo que se encontraba en una dolorosa y a la vez providencial encrucijada de su historia y abría sus corazones al verdadero Dios.
 
En Africa, María del Sahel, como en Pentecostés con sus apóstoles, sencillamente acompaña y lleva hacia Su Hijo a un joven hijo de una tierra llena de “semillas del Verbo”.
 
María, siempre María, en todas las partes del mundo donde hay corazones que anhelan la libertad de los hijos de Dios.
 
Siempre María haciéndose toda a todos, como Jesús, acudiendo en los momentos cumbre de la historia de los pueblos...
 
Cuántas resonancias encierran las palabras de Lucas “Y el ángel dejándola sola se fue”, “María guardaba estas cosas en su corazón”.
 
Sentir latir en su seno al Hijo del Altísimo, contemplarlo en la cuna de Belén, verle someterse a una cultura, asumir un sistema de valores para empaparlos de VIDA NUEVA, ¿acaso no fue para Ella un misterio que sobrepasaba las lógicas humanas?
 
Pero Ella, contemplaba, guardaba y se identificaba con el Hijo... y cuando el Misterio pascual, cumplido, le desvelo en plenitud el sentido de la vida del Hijo, María se hizo totalmente consciente de ser la MADRE de los hijos de su Hijo, la MADRE de todos los hombres, de todos los pueblos sin distinción de raza, de color, de situación social, de épocas y tiempos, de culturas. Y así se entregó de lleno a su tarea de hacerse presente a todos sus hijos...
 
         María,
                  Tú que sabes tanto de Jesús hecho hombre,
                  Tú que sabes de su despojo,
                  Tú que le viste hacerse todo a todos,
                  Tú que saboreó la novedad del mensaje con el que
transformaba los valores de su cultura,
tú que viste cómo a su paso florecía la verdad,
la paz, la justicia,
        
haz que sepamos ser cauces de Evangelio en nuestras culturas,
ser portadoras de Jesús, Verbo Humanado del Padre.
Vivir insertas en Él,
Hacer del Evangelio el principio inspirador de nuestras culturas
para que éstas sean RECREADAS al contacto con el Misterio de Jesús,
vivo en nosotras.
 
       María, Virgen de la Encarnación, la primera que inculturaste el Evangelio en la vida de un pueblo, acompáñanos en nuestras tareas de evangelización.
 
En mi oración presento al corazón de la Madre los deseos de todas, especialmente de las enfermas, de las mayores, de las que más sienten la necesidad de su protección... Que sepamos también felicitarle con cariño de hijas que quieren aprender de Ella sobre todo a MAS AMAR Y MÁS SERVIR.
 
María senu, i sam béé, sam béé ¡ Santa María, felicidades!
 
Un fuerte abrazo de hermana con mi cariño de siempre.
 
Ma. Eugenia Vicenti, rmi

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